Esclavos pesqueros: víctimas de la ilegalidad

Una problemática latente en el sudeste asiático es la esclavitud de pesqueros, donde aquellos que se encuentran privados de la libertad deben padecer diferentes tipos de maltratos. Patima Tungpuchayakul es una ambientalista que trabaja para combatir las consecuencias sociales y ambientales que ha dejado esta actividad ilegal.

Barco de pesca ilegal.

 

La industria pesquera ilegal mundial ha dejado millones de víctimas que, día a día, son expuestas a llevar una vida de esclavitud, hambre, golpizas y sed, sobre todo en Indonesia y el sudeste asiático. Muchos relatos de personas que han sido rescatadas cuentan que pasan meses en mar abierto trabajando 18 horas diarias a bordo de un barco liderado y administrado por ciudadanos chinos, algunos testigos de abusos psicológicos, hambre, y golpes, incluso, la muerte de otros tripulantes.

 

¿Sabías que en Indonesia existen agencias de reclutamiento públicas y privadas que han sido acusadas de engañar y prometer trabajos dignos que luego terminan siendo una tragedia? Más allá de esto, muchos esclavos que han logrado ser liberados denuncian que esta realidad es a causa de la falta de participación del gobierno indonesio en la regulación y vigilancia, de no hacer lo necesario para combatir los abusos, la ilegalidad y la falta de conciencia ambiental sobre el consumo desmesurado de animales marinos.

Según el índice Mundial de la Esclavitud publicado cada año por la ONG Walk Free Foundation, hay muchas pruebas de prácticas de explotación y esclavitud moderna en algunas empresas pesqueras y  quienes disfrutan y consumen estos platos en un restaurante en la comodidad y el confort de un recinto poco conocen sobre lo que hay detrás de cada animal que están ingiriendo. Es aquí, cuando se evidencia que la crisis ambiental y de derechos humanos se ha visto agudizada por la falta de conciencia sobre cada acción que llevamos a cabo día tras día.

 

Las mafias pesqueras y la demanda favorecen la crueldad

 

Debido a la necesidad de mitigar las injusticias, activistas como Patima Tungpuchayakul de Thailandia, una de las asistentes del Festival Internacional de Cine Ambiental Planet On que se llevó a cabo de 12 al 15 de septiembre en la ciudad de Bogotá, se ha convertido en una de las personas claves detrás de los intentos de poner fin a la esclavitud en el mar en el sudeste asiático. Ella, es una mujer comprometida con los esfuerzos para proveer a los trabajadores migrantes que son víctimas de la pesca legal y su vida se desarrolla entorno a la esclavitud.

 

Personas como ella, no solo han llevado a cabo una participación activa en el trabajo que realizó la Fundación Red de Promoción de los Derechos Laborales (LPN), fundada por ella en 2004, en el que se rescató a más de 2.000 pescadores esclavizados en barcos y salvó a otros más que habían estado naufragando en islas en Indonesia en 2014, sino que también es la protagonista de la película Esclavitud en el océano (Título original: The Ghost Fleet), un producto audiovisual en el que se logra retratar la realidad de los esclavos de barcos, miles de peces atrapados por redes, y la crudeza de las mafias pesqueras.

 

Entre tantos otros cortometrajes ambientales presentados en el festival Planet On,  este y otros más se destacaron por incentivar a la acción, la reflexión y el llamado de hacer algo. ¡Mira, piensa y actúa! Es una invitación a que las personas tomen una postura crítica frente a todo lo que está sucediendo en el mundo entero y que por medio de nuevos hábitos podemos cambiar. Uno de los ejes temáticos del festival de cine fue cómo la sociedad en general y sus hábitos de consumo han sido una de las causas inminentes de las crisis ambientales globales.

 

¡Es momento de actuar!

 

La avaricia y el poder han hecho que se llegue al límite en el que es necesario actuar, pues hechos como la extinción de animales y la contaminación ambiental no permiten reparar el daño que ya se ha causado y es de vital importancia pensar en las repercusiones que afectarán principalmente a las generaciones venideras.