Amar la naturaleza y a los animales sobre su propia vida

Conoce los riesgos que enfrentan aquellos que dan su vida por defender los derechos de los animes y proteger los ecosistemas naturales que actualmente se ven afectados por las diferentes problemáticas ambientales.

Activistas y ambientalistas

El amor por la naturaleza y por conservarla para algunas personas es tan grande que están dispuestas a arriesgar su vida con tal de mostrarle al mundo lo que ocurre, cómo es la vida salvaje, cuáles son las problemáticas ambientales y los actores que más influyen en estas.  Muchas de las evidencias y películas que demuestran el esfuerzo de los ambientalistas llegan a ser galardonadas en los más emblemáticos festivales de cine por ser impactantes producciones.

 

Sin embargo, los ambientalistas son blanco de diferentes riesgos, desde accidentes en los escenarios en los que se desempeñan, hasta acoso y amenazas por el trabajo de denuncia, concientización y educación ambiental que promueven.

 

Cuando exponen su vida por el desarrollo de sus labores

 

Los espectadores son fieles a las películas y shows televisivos sobre la vida salvaje y la naturaleza, sin embargo, en muchas ocasiones no conocen todo lo que sucede detrás para que esas imágenes puedan llegar a sus pantallas, y el alto precio que deben pagar los productores, actores o conductores por su interés en crear conciencia ambiental.

Grabar la gestión ambiental bajo condiciones extremas ha causado la muerte de amantes de la naturaleza. Algunos de los casos más reconocidos han sido el fallecimiento de Steve Irwin –el cazador de cocodrilos– que ocurrió en 2006 cuando se encontraba filmando Ocean's Deadliest, debido a que recibió múltiples heridas por el punzón de una manta raya; y Timothy Treadwell, documentalista, quien murió devorado por uno de los osos grizzly con los que convivía en el Parque Nacional de Katmai.

 

Uno de los últimos casos fue la muerte en 2017 del cineasta y conservacionista Rob Stewart mientras grababa la película Sharkwater Extinction, por un accidente mientras buceaba. El trabajo de Stewart se centraba en poner al descubierto la dolorosa verdad que está llevando a la extinción del depredador más antiguo del mundo: millones de tiburones mueren por año sin que los científicos lo conozcan.

 

Para él, “la conservación es la preservación de la vida humana. Y sobre todo, es algo por lo que vale la pena luchar”. Por esto, trabajó durante años atravesando el océano para investigar la corrupción detrás del comercio y pesca ilegal de aletas de tiburones, y eso le costó su vida.

 

Sin duda, la muerte de este conservacionista no fue en vano, su legado quedó plasmado en la película que fue terminada y estrenada junto con un homenaje en el Festival Internacional de Cine de Toronto 2018. En Colombia el Festival Ambiental Planet On le rindió homenaje al presentar su película.

 

Estos son solo algunos de los casos que demuestran la dura realidad que deben vivir cinematógrafos, fotógrafos, cineastas, periodistas, investigadores y conservacionistas ambientales para mostrarle al mundo el cruel escenario que se vive en la vida salvaje.

 

Presión, amenazas y asesinatos: otros de los riesgos

 

No podemos olvidar, que aparte de las extremas condiciones que deben atravesar los defensores ambientales, también enfrentan amenazas, instigaciones y acoso por su lucha, incluso por parte de los mismos gobiernos que, se supone, deberían garantizarles seguridad.

 

Según ONU Medio Ambiente, en 2017, 196 personas fueron asesinadas por defender su derecho a un ambiente limpio y saludable. Además, en 2018, de acuerdo al informe realizado por la organización Global Witness, un total de 164 defensores fueron asesinados por proteger sus tierras, es decir, que cada semana murieron tres ambientalistas. Esto sin contar todos los casos que no se denuncian, por lo que el número puede ser mucho más alto.

 

El informe anual de la organización evidencia que Filipinas es el país más peligroso del mundo para ser activista del medio ambiente, con 30 asesinatos de ecologistas en 2018, seguido por Colombia con el homicidio de 24 activistas y defensores ambientales. Además, América Latina es la región más peligrosa.    

 

Es admirable el valor de estos conservacionistas y activistas para enfrentar los diversos problemas y riesgos que se les presentan porque no están dispuestos a renunciar a su compromiso con los animales, la naturaleza, la humanidad y, en general, con el planeta.   

 

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