¿Por qué mezclar cine y medio ambiente?

Esta es una pregunta que me hago y me hacen una y otra vez cuando hablo de Planet On, ¿por qué un Festival de cine ambiental? y es tal vez, la pregunta más difícil de responder, sobre todo, cuando se empieza a entender lo que significa hacer un Festival de cine en nuestro contexto cultural, así como a hablar de temas ambientales a través del cine.

Dos desafíos que han encontrado diferentes posturas y posibilidades a lo largo de seis años, en donde sin lugar a dudas surgen grandes cuestionamientos sobre el futuro, el presente y el pasado de nuestra historia del cine, de nuestro activismo social y ambiental, pero sobre todo, de nuestra capacidad de reflexión y acción a partir de una realidad global.

 

Tener la capacidad de entender una situación y lograr ponerse en el lugar del otro es algo que el cine logra de una forma casi perfecta, con un mensaje capaz de inspirar a otros, convirtiéndose en una formula para cambiar el futuro de millones de nosotros y de esos otros que conviven en nuestro planeta.

Muestra de ello han sido películas como, Una Verdad Incomoda I y II, The Cove, Earthlings y Blackfish; estas, además de tener un significado especial para mí, han demostrado romper paradigmas y posicionar al documental ambiental en un lugar al que pocos han llegado. Cada película ha significado el inicio de una lucha incansable que ha obtenido logros inesperados, tanto para los productores como para los espectadores. 

 

Entender el cambio climático y promover acciones para detenerlo, desde algo tan simple como cambiar los bombillos de nuestras casas, fue una discusión que se abrió paso luego del documental de Al Gore en 2006, algo que debe ser reconocido al cine como herramienta para la transformación social.

 

No menos importante fue Earthlings (2005), un documental crudo y desgarrador, que logró abrir paso a la discusión de los animales no humanos como seres sintientes, y ahora sujetos de derechos, logrando reconocer en otros la capacidad de sentir dolor, una capacidad siempre atribuida a nuestra especie y negada a las demás. Este documental significó, para mí, el inicio del activismo animal para muchos de esta generación.

 

The Cove (2009) y Blackfish (2013), tienen un significado aún más especial. Por un lado, admiro y respeto profundamente a Louie Psihoyos y a Naomi Rose, son personas excepcionales; pero además lograron construir y aportar a estos thrillers la sensibilidad y racionalidad necesaria para descubrir la cruel y vil realidad de una industria del entretenimiento disfrazada de educación ambiental. 

 

Por esto, Planet On se ha definido como un espacio donde el arte, la ciencia y la educación se unen para entender diversas problemáticas ambientales, pero sobre todo, buscan inspirar a los asistentes para que asuman una posición reflexiva, crítica y proactiva para ser parte del cambio.